Escrito por: Félix Piñerúa Monasterio
A veces con banalidad y hasta cierto glamur, podemos escuchar esta exclamación como algo “nice”. Sin embargo, la depresión no es una tristeza transitoria, muy por el contrario, es una enfermedad.
La depresión o trastorno depresivo es una compleja enfermedad producto de la combinación de diferentes factores, donde lo biológico, psicológico y social interactúan produciendo cambios estructurales en nuestro cerebro y sus funciones, por lo que la consideramos una enfermedad cerebral.
Existen diferentes tipos de depresión, una de ellas es la producida por sucesos estresantes como perdidas o rupturas, las llamamos trastornos de ajuste o depresión reactiva y es el más común de los trastornos de ánimo, se presenta con síntomas menores o más suaves que otros trastornos depresivos, pero no hay que descuidarse con esto, pues pueden presentarse estados de ánimo muy bajos e incluso ideaciones o comportamientos suicidas.
Los trastornos de depresión mayor o depresión unipolar, presenta síntomas más graves que la depresión reactiva, sus episodios duran un mínimo de dos semanas, pero puede prolongarse por meses o años, y cuando se dan varias recaídas, estamos hablando de depresión crónica.
Incluidos en este espectro tenemos el trastorno bipolar, donde existe una alternancia de episodios depresivos, maniacos y mixtos. La ciclotimia, caracterizada por cambios de ánimo frecuente y cíclicos, pero más leves, estos son los tipos de depresión que mejor responden a la medicación y la psicoterapia, mientras que la distimia que presenta síntomas y signos parecidos a la depresión, es de larga duración, pero en la que los síntomas son menores y más suaves, estos no tienen un origen biológico y no responde a los medicamentos, por lo que se recomienda tratarla desde la psicoterapia.
También están los trastornos estacionales del ánimo, la depresión perinatal o postparto, el trastorno generalizado de ansiedad y los trastornos esquizoafectivos. Por otra parte, no podemos dejar de mencionar que la depresión no se da necesariamente igual en hombres que en mujeres, por lo que su abordaje psicoterapéutico debe ser adecuado a las circunstancias de cada consultante.
Durante los episodios de depresión y producto de su acción, como ya antes mencionamos, se dan cambios estructurales en el cerebro que afectan a la corteza cerebral, que tiene un papel importante en la integración del sistema nervioso central, la memoria, la atención, la percepción, el pensamiento, el lenguaje, la conciencia y el control de las emociones, así, la corteza cerebral se ve modificada en su grosor, haciéndola más delgada. La ínsula, que interviene en la conciencia de las emociones, se reduce de tamaño. El sistema límbico, que regula las emociones y las respuestas a determinados estímulos, la memoria involuntaria, el hambre, la atención, las conductas sexuales y la personalidad se ve disminuido en el tamaño de algunas de sus regiones como la amígdala y el hipocampo. El cerebelo, relacionado con los movimientos, aspectos cognitivos y emocionales, muestra una actividad anómala y una disminución del volumen bajo los efectos de la depresión.
Como podemos notar, la depresión es una enfermedad a considerar con mucho cuidado, cuanto antes se diagnostique y se trate, es más fácil detener y revertir su acción degenerativa, si es necesario derivando al consultante para tratamiento farmacológico, mientras le acompañamos en psicoterapia a resignificar su historia de vida y encontrar nuevo sentido a su existencia.